Cuando la risa fue desapareciendo de la boca de las muchachas se miraron por esa broma íntima.
-¿Quieres pasar?- Emma hizo un gesto con el brazo, abarcando todo el aire que pudo.
-Por supuesto, pero después de ti.
Antes de entrar a la casa, la primera en hablar miró al pasillo con todos sus sentidos puesto en él, poco a poco y con paso sigiloso se fue adentrando en la profundidad, seguida de cerca por su amiga, que con una expresión extraña la seguía sin ningún comentario. Antes de pasar por delante de la puerta de la cocina, se giró y un dedo silencioso se posó en sus labios, Rosalie con gesto aun mas desconcertado se paró en mitad del pasillo y se quitó con cuidado sus zapatos con un poco de tacón.
Como su amiga, corrió una breve carrera hasta las escaleras que las subió con cuidado, ya que por cada paso que daba un leve crujido traspasaba el aire. Una puerta de color blanco se encontraba entre abierta y una chica la apremiaba a subir deprisa, olvidando se del ruido subió como una exhalación y poco después se encontró en la cálida habitación.
-Siento el numero pero no quería un encontronazo con mi padre- una sonrisa cálida de disculpa le recorrió el rostro.
-Nada. si un poco de ejercicio raro nunca viene mal.
-Bueno... pues esta es mi habitación para el resto del verano, es horrible lo sé, pero aún estoy limpiando la capa de suciedad de hace un siglo.
-A mí me gusta, pero aquí por la noche hace frío, no te aconsejo dormir solo con una sábana.
-Lo sé, tengo mi manta/edredón de terciopelo negro esperando en una caja a que sacuda el polvo del colchón.
-¿Quieres que te ayude en algo?
-No, solo quiero que me digas si debería fiarme del armario.
Una carcajada traspasó la puerta y una señora de no más de cuarenta años entró por ella.
-Buenas, yo soy la madre de Emma encantada.
Una mano impacto en la cara de Emma, la suya propia, con ese gesto solo demostraba vergüenza.
-Encantada, me llamo Rosalie y su hija me a invitado a comer.
Un llanto procedente de un niño pequeño inundó la calma de la casa, con el llanto un golpe sordo.
-Me voy que ya se están peleando, encantada luego nos vemos.
La puerta se cerró y acto seguido un gritó lejano procedente de alguna otra habitación llegaba a sus oídos.
-Tienes una madre encantadora, no se porque la odias.
-No la odio- su voz se nota una nota más alta y su cara ensombrecida evitaba una mirada.
-Ya quisiera yo una madre así.
-No puedo opinar no conozco a tu madre, pero si es igual que tú, te la cambio.
-Jajaja no,yo en lo físico e salido a mi madre pero en carácter a mi abuela, no me preguntes por qué porque no tengo no idea.
-Pues yo al revés, el aspecto es el de mi madre, pero mi carácter es de mi padre por desgracia.
La puerta por segunda vez abierta por alguien del exterior chocó contra la pared, dejando visible al hombre de quien estaban hablando.
-Hablando del rey de Roma...- la voz de Emma baja se vio acompañada por una risa de su amiga.
- Hola yo soy Rosalie, la amiga de su hija- le tendió una mano que el hombre apretó con cuidado- espero que nos veamos más amenudo.-Emma ante la salida tan espectacular que había tenido su inusual amiga la apoyó.
-Pues claro, siempre que quieras te pasas por aquí ¿verdad papá?
-Eh....- el hombre asombrado por la personalidad de la visitante y la actitud de su hija se quedó trabado- por supuesto ven aquí siempre que quieras, esta es tu casa, la comida ya está.
En cuanro salió por dónde había entrado, las chicas se miraron y no pudieron evitar reirse.
-Antes de bajar- empezó una de ellas- deberías ponerte los zapatos y yo debería coger el móvil.
Así bajaron por las escaleras, ahora sin preocupación por el ruido.
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