Sweet paradise of freedom

miércoles, 22 de agosto de 2012

Vidas IX

Los ojos de la enfermera cálidos, brillaron en la oscuridad de la habitación, un impulso la recorrió desde el estómago, siguiendo por el torso y hasta llegar a las puntas de sus dedos y con un suave apretón junto más sus labios a los de él, los brazos seguros de él la rodearon el torso apretando, mientras que las manos de ella se dejaban guiar por el pelo, acariciándolo y haciendo pequeños círculos en su caballera. El beso duró más de lo que el hubiese esperado nunca, pero no se separó, al contrario se dejó guiar por el impulso y el deseo y su mano recorrió las caderas de la mujer que con un suave jadeo, bajo las manos para empezar acariciar el torso definido de él. Fundidos entre el beso y las caricias, fueron prosiguiendo en la exploración por los cuerpos, los labios de ella se separaron delicada mente y le dio un beso mucho más apasionado que el de antes, más fuerte, expresando el deseo oculto que se había apoderado  de ella. Ella se subió a horcajadas encima de él, apoyando el peso en el abdomen del joven, apoyando sus pechos en el, rozándolo, jugando. Los labios se separaron y uno de ellos comentó...
-Para, me haces daño- la voz del hombre salía ahogada y apenas audible- me gusta esto y no quiero que pares, pero no te subas encima de mi pierna rota porque aun me duele.
-¡Lo siento! No me e dado cuenta, que vergüenza tengo que seguir con la ronda y...- apabullada y roja por la vergüenza por la pérdida de control ante aquel deseo imparable.
Una mano agarró la suya y el chico la atrajo hacia así, y con un susurro solo audible para ella pronuncio.
-No te preocupes, no me importa, siento yo haber parado- la voz en verdad transmitía pena, pero no estaba avergonzado por lo sucedido al contrario parecía orgulloso.
-No se que me a pasado, nunca hago esto me lo tengo prohibido...- se llevo la manos a la cabeza.
Divertido comentó- te creo, sé que esto no lo haces siempre, me alegro de que hayas venido. Dentro de dos días me quitan la escayola, aun me queda la recuperación, pero ya no me dolerá así que ven entonces y seguimos- guiñando un ojo complice concluyó la conversación y con una sonrisa salió para las últimas habitaciones, pero antes parando por la habitación de aquel chico de las novelas románticas, sabía con exactitud que estaría despierto. Llamó a la puerta y la abrió con sigilo.
-¿Puedo entrar?
-Como si estuvieran en tu casa. - El libro que sujetaba en las manos era de tamaño grande y llevaba un gran paso, más de la mitad.
-¿Te gusta el libro?
-Me encanta, la persona que me lo haya prestado tiene un gusto increíble.
-Te diré un secreto, es de este pasillo, número impar, si quieres saber quien es llama puerta por puerta hasta dar con una chica que tiene una pila de libros en su habitación.
Y con estas palabras se marchó.
El chico se quedo mirando la puerta, pensando en lo que había oído y se levantó de la cama dispuesto a buscar a la dueña del libro.

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