Las luces de la ciudad brillan al caer el sol, los rayos miel dejan paso al plata de la luna. Su suave esplendor hechiza todo a su alrededor, todo es más misterios, más aterrador, más único. El frío barre las calles y las personas más aventureras salen en busca de algo que contar por la mañana junto al café recién echo y las tostadas calientes. La noche huele a promesas rotas, los bares se llenan con el tumulto de personas que temen llegar a casa y se refugian en alcohol y vanas respuestas a preguntas eternas.
La noche es mágica, los sueños irrumpen en mente y ganan el pulso a la realidad dejando en nuestra pequeña memoria nuestro mejores recuerdos, pero hay que tener cuidado con ella es traicionera y maligna puede dejarte un dulce sabor de azúcar y melón o puede dejarte el amargo sabor del limón. Pero no es eterna, para bien o para mal, para mejor o para peor no es eterna y la realidad acaba viniendo con el sonido del despertador o el frío de la mañana.
Eso es la noche, puro éxtasis, puro confeti, una conbinación perfecta entre lo irreal y real.
Y hay que disfrutarla al máximo, hasta que los rayos del solo, tapen la plata de la luna.
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