Sweet paradise of freedom

miércoles, 17 de octubre de 2012

Perfecta realidad, perfecta irrealidad

Las luces de la ciudad brillan al caer el sol, los rayos miel dejan paso al plata de la luna. Su suave esplendor hechiza todo a su alrededor, todo es más misterios, más aterrador, más único. El frío barre las calles y las personas más aventureras salen en busca de algo que  contar por la mañana junto al café recién echo y las tostadas calientes. La noche huele a promesas rotas, los bares se llenan con el tumulto de personas que temen llegar a casa y se refugian en alcohol y vanas respuestas a preguntas eternas.

La noche es mágica, los sueños irrumpen en mente y ganan el pulso a la realidad dejando en nuestra pequeña memoria nuestro mejores recuerdos, pero hay que tener cuidado con ella es traicionera y maligna puede dejarte un dulce sabor de azúcar y melón o puede dejarte el amargo sabor del limón. Pero no es eterna, para bien o para mal, para mejor o para peor no es eterna y la realidad acaba viniendo con el sonido del despertador o el frío de la mañana.

Eso es la noche, puro éxtasis, puro confeti, una conbinación perfecta entre lo irreal y real.
Y hay que disfrutarla al máximo, hasta que los rayos del solo, tapen la plata de la luna.

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