Nunca pidió nada más de lo que esperaba, los sueños enterrados en capas de plumas blancas como la nieve se habían olvidado que eran la sustancia de la vida.
Ellos abandonaron a su dueña demasiado pronto y se escondieron en el cajón de delicias por descubrir.
"Los sueños, sueños son" nunca intentó cambiar esa frase, nunca se vio capaz de cambiar lo que el destino la marcó.
Así acabó metida en su cofre de cristal, dónde vio pasar los días y las noches como en un sueño profundo del que no pudo despertar.
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