Sweet paradise of freedom

lunes, 20 de agosto de 2012

Fantasmas I

"Las  cosas nunca son lo que parecen" pienso desesperada, sé que las sombras que veo solo son un mal producto de mi imaginación, es absurdo creer que una copia de mí transparente intente darme caza, pero cada vez me cuesta más ignorar el miedo poco a poco se apodera de mi ser racional y lógico.Ya no tengo cuidado del ruido que produzco, mis pasos, respiración, golpes...
Me precipité por la puerta de la cocina y el primer y único impulso que tengo para protegerme es agarrar un cuchillo, cojo aire tres veces despacio, sopesando las oportunidades que tengo de vencer a alguien que esta muerto, en el fondo sé que son pocas por no decir nulas pero algo me impulsa a sobrevivir. Me giro a la puerta y de repente suelto un gritito agudo, acaban de irrumpir en la cocina una copia de mí misma, con mirada de asco me observa de arriba a abajo.
Un dolor de cabeza me parte en dos, me dejo caer al suelo inerte y no puedo reprimir que las lágrimas se golpeen entre ellas en su intento por salir, me dificultan la visión, con un esfuerzo sobrehumano me arrastro por el suelo a ciegas en un intento desesperado por salvarme de aquel sufrimiento.
Pero de repente siento algo traspasar mi alma y llegar al corazón, un dolor mucho más salvaje e intenso me golpea y me tumba, dejan dome sin respiración, lo único que siento es la presencia muy cerca mía y el cansancio.
Los recuerdo de mi visa pasada vienen hacia mí, no puedo apartarlo y rendida por todo lo sucedido dejo que me llenen por completo, no puedo evitarlo, el dolor y los recuerdos son demasiado fuertes y yo estoy demasiado débil. El primer recuerdo que consigue romper el poco coraje que me queda se mete dentro y en un instante consigo visualizar a una niña de tres años, trenzas largas y castañas, se balancea en un columpio aparentemente feliz pero... Un grito desgarrador sale de mi garganta inundando mi boca y dejándolo escapar grito con todas mis fuerzas. Esa pequeña soy yo. Me acuerdo de ese día como si fuera ayer, mi madre se había ido y prometiéndome que volvería enseguida me dejó en aquel parque, estuve esperando horas y al final no fue, mi padre vino a buscarme horas después. Desde ese día me prometí que no soltaría no una lágrima por ella y pensaría que estaba muerta y desde entonces, así lo e echo y ya llevo trece años.
No entendía porque me torturaba de aquella manera tan cruel, y tampoco llegaba a comprender como sabía tanto de mí, me asustaba tengo que reconocerlo, pero eso no era lo peor.
Lo peor era que sabía con exactitud cuál iba a ser la próxima y no sabía como pararlo, no sabía como detener esa oleada de dolor intenso. La muerte de mi padre llegó poco después como lo predije. Aún tengo grabado el olor a pino en el olfato, la lápida dónde se encontraba, me acuerdo con pesar que en cada momento esperaba que se levantara con la sonrisa de siempre y sus dientes blancos relucientes y que dijera con sus voz ronca por los puros y los vodka que ya no me siguieran gastando aquella broma, pero no fue así.
El suelo de la cocina estaba frío y cada vez me retorcía más, pero mi mísero orgullo me impedía pedir clemencia, en medio de la noche sonó el teléfono que cortó la atmósfera que se había adueñado de la sala y el dolor se calmó de repente....
-Contesta y no le digas nada a nadie.
Cogí el teléfono como me habían ordenado y contesté.

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