Sweet paradise of freedom

domingo, 19 de agosto de 2012

Vidas VIII

La mano tocó la puerta tres veces y el sonido produjo ecos que en el silencioso pasillo parecían fantasmas atacando en la penumbra. Esperó un rato que a ella le pareció eterno y se decidió a volver a llamar, pero nadie contestaba,llamó con mas insistencia que las veces anteriores pero nadie parecía dar señales de vida, la enfermera preocupada dirigió una temblorosa mano al pomo y lo giró hasta que, con un chirrido la puerta se abrió en par en par y la joven enfermera entró con unos pasos inseguros.
La vista de la enfermera se acostumbró rápidamente a la oscuridad aplastante y aprisionadora de aquel cuarto, en la cama descansaba una anciana, que era joven para ser anciana, tenía sesenta años y ella se consideraba joven, tenía los ojos cerrados y descansaba tumbada boca arriba en la cama. Parecía estar en completa calma, demasiada....
El pensamiento de la enfermera llegó rápido, antes de precipitarse respiró tres veces, lo pensó. No se encontraba tan mal como para morirse y además no era normal, estaba en perfecto estado pronto iba a salir de allí, era absurdo creer que podía acabar así, después de meses luchando, se había recuperado y no podía acabar así. Antes de precipitarse y dar un parte equivocado le tomó el pulso.
El corazón de la enfermera empezó a latir con fuerza y deprisa, la sangre le golpeaba la sien y la respiración le iba tan deprisa que no pudo evitar un instante después comenzar a jadear. Estaba muerta, no tenía pulso y el pecho no se levantaba como solía hacer siempre. En un intento desesperado por agarrar a aquella señora a la vida, empezó a aplicarle un masaje cardiaco y el boca a boca pero no parecía funcionar. Desesperada apretó el botón que tenía a su izquierda y llamó a otra enfermera, ella estaba dispuesta a buscar al doctor, pero algo la retuvo y la hizo girar la cabeza mirando a la mesita de noche, encima reposaba una nota.
Abrió la nota y una letra pomposa rellenaba el pedazo de papel, empezó a leerla.
Buenas enfermera, hoy no me encuentro muy bien , creo que mi hora a llegado y para ser sincera me apetece descansar en paz, estoy cansada de luchar para volver otra vez al punto de partida. Te voy a echar de menos eso no lo voy a evitar, espero que me sepas perdonar y olvídate de mí. Te quiero pedir un último favor no llames a nadie de mi familia ni al médico quiero que me descubran poco a poco, y además mira el lado positivo,  así me podré reunir con mi marido muchas gracias por todo y suerte.
Las lágrimas se agolparon en los ojos de la joven y no pudo reprimir el impulso de abrazar a la señora, haciendo cumplir su último deseo la dejo en paz y se marcho haciendo el menor ruido posible, cerrando la puerta para darla mayor intimidad.
Las lágrimas seguían escurriendo por sus rosadas mejillas, y una pregunta insistente le palpitaba la mente ¿como podía saber la señora que se iba a morir? No lo sabía y nunca lo sabría, pero en el fondo se alegraba por la pobre mujer que por fin iba a poder cumplir su mayor sueño, reunirse de nuevo con su marido. La verdad es que estaba muy cansada, volvió sobre sus pasos dirigiéndose de nuevo al principio, abrió de nuevo la puerta que tan nerviosa la ponía y sacó dos cafés de la maquina. Con los vasos ardiendo y los dedos quemando se se reunió con el chico tan guapo y soltero que había tenido el accidente de moto. La puerta estaba abierto y el muchacho estaba despierto, con una voz serena y una sonrisa habló:
-Sabía que vendrías ¿qué tal la ronda?
-Inacabada, desastre, inútil, pésima y depre ¿quieres un café?- la voz temblaba incontrolablemente.
-Ven, claro que quiero el café ¿quieres hablar?'
Asintió con la cabeza, dejó los vasos en cima de la mesita y comenzó a llorar sin parar sobre el pecho fuerte y seguro del hombre. Este algo patoso acarició el pelo sedoso y castaño de la enfermera, con el brazo que le queda disponible la abraza suavemente transmitiendo ánimo y ternura. La enfermera conmovida por aquel gesto se abrazó más a él, su pecho iba más deprisa que el de él e intentaba controlarlo aun que sin mucho éxito.
Sin previo aviso, el chico la cogió la cara con ambas manos y le dio un beso en los labios sin titubear, cuidadoso y muy dulce.

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