El sonido del timbre cruzó el aire, la puerta se abrió con un ruido estridente y una cara muy enfadada asomó detrás de esta.
-¿Puedo saber dónde estabas?
-En la playa.
-¿Haciendo que?
-Papá ¿que se hace en la playa?- la voz denotaba enfado y descaro.
-A mí no me hables así, bueno y que.
-¿Qué de qué?
-¿Que has hecho?
La chica resoplo cansada, harta de esa conversación.
-Me e bañada en el mar, e conocido a una chica nueva y e venido a casa.
-Espera, me has dicho que has hablado con alguien de aquí ¿verdad?-la voz grave y ronca de su padre ahora una décima más alegre que antes le hablaba deprisa.
-Sí, con Rosalie una chica del pueblo, por cierto mañana e quedado.
-Primero me tendrás que pedir para salir.
-No, no te estoy pidiendo permiso te aviso de que voy a salir.
Ahora ella se mostraba autoritaria, y su voz era firme y serena, en cambio su padre sorprendido por el cambio de comportamiento de su hija solo pudo reaccionar sobreponiendose al suyo.
-Yo digo que mañana no sales y punto.
-Te recuerdo que eras tú el que me obligabas a salir y yo no quería y ahora que yo quiero salir no me dejas ¿sabes una cosa? Eres un hipócrita.
-Y mañana...¿que vas a hacer?
-E quedado a comer con la chica que e conocida y sus amigos.
-Haz lo que te de la gana que es lo que haces siempre.
-Eso haré.
La chica subió por unas escaleras que se hallaban a la izquierda de la entrada donde había discutido con su padre, esa pequeña estancia estaba pintada de color azul con un espejo en la pared derecha y abajo un paragüero de un pata de pato estaba vació.
En las escaleras los cuadros colgaban en las paredes y la ventana dejaba pasar la luz del medio día. Su habitación que estaba en el segundo piso, estaba pintada de lila, la cama tenía unas sábanas horribles, que ella pensaba cambiar por sus sábanas de color verde y su manta negra de terciopelo que era muy suave al tacto. Por la ventana entraba no entraba mucho aire y las cortinas de flores estaban muy quietas, el paisaje era muy hermoso. La playa se veía en todo su esplendor, y la plaza también se veía, con las tiendas y los toldos de colores resplandeciendo ante sus ojos, la verdad es que la visión era muy bonita.A Emma esas vacaciones no le apetecían mucho en un primer momento, pero la chica que había conocido, la tranquilidad, el aire puro... y para que se iba a engañar, tenía curiosidad por el chico del cigarro la había abierto la posibilidad de un verano lleno de expectativas. Estaba ella pensando en esas cosas cuando de repente sonó su móvil.

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