Sweet paradise of freedom

martes, 7 de agosto de 2012

Vidas V

Los sollozos que se alcanzaban a oír, era profundos y regulares, la respiración de la joven era entrecortada e iba muy deprisa, unas lágrimas amargas recorrían su cara que expresaba una extraña añoranza, la enfermera impotente ante esa situación solo se le ocurrió acercarse a ella y abrazarla, la joven que lloraba se agarró a la cintura de su acompañante mientras que esta la acariciaba el cabello, largo sedoso y de color rojo. Los ojos de la pelirroja se alzaron y miraron a su salvador, suplicando perdón. La joven enfermera no entendía nada, no sabía lo que la chica le quería trasmitir y tampoco sabía el porqué se su pena, con mucha cautela y con un coraje que no tenía le preguntó.
-¿Que te pasa? Si puedo preguntar.- su voz solo transmita una pena profunda y cansancio.
-E tenido una pesadilla muy real- el silencio de la habitación que se había adueñado después de la pregunta de la chica, había sido roto de nuevo por los sollozos de la joven.
-¿Y que has soñado?- ahora su voz era dulce y estaba  cargada de curiosidad y compasión.
-E soñado que mi abuelo se moría y hace años que no puedo hablar con él- sorbió los mocos que tenía atascados en las fosas nasales y prosiguió con un susurro lleno de miedo- lo malo es, que ayer mi madre me llamó para comunicarme que se encontraba muy mal, lo mejores recuerdos que tengo del verano de mi infancia son con él y por culpa de una discusión que tubo con mi padre, no lo veo desde hace casi tres años.
Las lágrimas volvieron a brotar con más intensidad que antes, derrumbando el poco valor de la enfermera y la poca serenidad de la muchacha.
-No te preocupes, mira vamos a hacer una cosa ¿ de acuerdo? No,no, mirame y deja de llorar, que una cara tan bonita no puede estar tan triste- de la cara de la pelirroja surgió un amago de sonrisa.
-Gracias de verdad, dime te escucho.
-Lo primero te vas a sonar los mocos- y le tendió un pañuelo a la temblorosa mano de la chica- lo segundo va a ser calmarte, porque con tanto temblor no puedo curarte las heridas, lo tercero vas a hablar con tu padre y vas a pedirle el teléfono de tu abuelo para hablar con él y si quieres puedo llamar a tu doctora para ver si te puedo poner un relajante.
Con un nudo en la garganta la enferma consiguió decir.
-Muchas gracias por todo, menos mal que aún queda gente buena en el mundo como tú y no hace falta que me pongan un calmante con tu compañía me sobre y me basta.
La enfermera se sonrojó, no estaba acostumbrada
-Bueno, extiende el brazo que te las tengo que curar las heridas.
Sus heridas se extendían por todo el brazo, había sido arrastrada unos cincuenta metros por un moto al intentar robarla el bolso, la cara apenas la tenía daña porque había sido prudente en poner el antebrazo, pero las heridas de las piernas tenían muy mala pinta y claro está, estaba un poco traumatizada y esta con tratamiento psicológico. Cada ves que el algodón rozaba una de sus marcas un suspiro se escapaba de sus labios y un pequeño grito lo acompañaba, estaba claro que la angustia la perturbaba ya que el ambiente estaba sobre cargado de ello.
-Ya está y ahora a dormir que es tarde.
-Adiós y gracias, muchas gracias por todo.
-De nada, la verdad que así me siento útil para la sociedad.
-La verdad no creo que seas inútil y en mi humilde opinión te diré que nadie lo es.
-Yo pienso que soy una completa inútil que va de super heroína y que luego es incapaz de ayudarse a si misma.
-Yo pienso que tu mismo nunca te puedes ayudar y que hacerte el fuerte solo te ayuda un tiempo y luego te caes. Todos somos frágiles y todos necesitamos ayuda en un momento u otro de alguien ajeno a nuestro dolor. Todos somos humanos que nos tenemos que ayudar en una misión, que es la misma, sobrevivir a la vida y eso solo se consigue ayudando y dejando se ayudar.
-Ahora te tengo que dar yo las gracias.
La enfermera se despidió con la mano, cuando ya se encontraba en el pasillo miró la hora del reloj y se dio cuenta que era hora de ver al chico de la habitación 309 a ver como iba, con la charla de la chica pelirroja en su cabeza se dirigió dispuesta a darlo todo esa noche.

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