Sweet paradise of freedom

lunes, 6 de agosto de 2012

Vidas IV

-Aquí no se puede fumar- el largo cabello de la enfermera se balanceó con sus pasos rápidos, con decisión, la mano de ella agarró el cigarro y lo tiro por la ventana- y no le biene nada bien para su salud.
-Presiento que me queda muy poco de vida, cada vez estoy más cansado y parece que yo no siento dolor, el único placer que aún puedo disfrutar y ya ni me dejan.
-Pero por lo menos podrías fumar en el baño no aquí.
-¿Para qué? Me da igual lo que me puedan decir.
-¿Quieres fumar un cigarro conmigo en la ventana del pasillo?
-¿Y eso? ¿no sabía que fumabas?
-Mira, no estoy de humor, no a sido un día agradable y me apetece fumar, si quieres bienes y sino te quedas.
-Acepto tu invitación.
La enfermera cambió el bote de paracetamol y ayudó al enfermo a dirigirse hacia la puerta. Al hombre le resultaba muy difícil caminar erguido y sin torcerse, el sentido del equilibrio lo tenía atrofiado por el exceso de alcohol consumido en la adolescencia y en la vejez. El lugar al que se dirigían se encontraba situado al final del pasillo, era una ventana grande y abierta de par en par, por ella se colaba los rayos tenues de la luna, colocó al enfermo en un extremo de la ventana y ella se colocó en el otro, de su bolsillo sacó un paquete de Malboro y le tendió la caja, el señor cogió un cigarrillos y el mechero azul, ella hizo lo mismo que el hombre.
-No me esperaba esto de ti, me has dado una agradable sonrisa- la voz del hombre rota por las noches en vela, la habló con calma mientras que expulsaba el humo.
-Lo sé, la verdad que me encuentro muy a gusto contigo- ella habló también muy tranquila y el humo que salía de su boca la daba un aire muy diferente del habitual.
-Me caes bien enfermera, pero las inyecciones aún las pones de pena.
-Gracias por lo ánimos- y no puedo evitar reírse.
-La pena es, que seguramente para cuando lo hagas bien, yo ya no estaré aquí- parecía de verdad que le daba pena.
-Te voy a proponer un promesa, si tu la cumples, yo lo hago también.
-Soy todo oídos- en sus ojos se reflejaba la curiosidad.
-Te prometo que voy a mejorar las inyecciones para que tú lo veas, si tu me prometes que te vas a intentar recuperarte dejando estos hábitos.
-Acepto el desafío señorita- las manos de él y de ella se fundieron en un apretón firme y seguro.
La enfermera tiró su cigarrillo por la ventana y le dirigió una mirada a su acompañante.
-A partir de ahora- el hombre hizo lo mismo que ella antes con el cigarrillo.
-Creo que necesito ayuda para volver.
La enfermera lo ayudó como antes, ambos se dirigieron despacio a la habitación.
-Hay una pregunta que me interesa, ¿se la puedo formular?
-A delante, soy todo oídos.
-¿Por qué ahora quiere recuperarse?
-Buena pregunta, sí señora, y te la voy a contestar. Cuando empeze a beber, me alejé de mi padre, dejamos de jugar al fútbol y de ver cosas juntos en la tele, y con mi madre aguanté un poco más pero también me alejé, cuando pensé que lo había superado ambos habían muerto y me prometí no volver a coger una botella, pero ya se ve que no lo hice muy bien. Perdí a mi novia y a mis amigos, quedandome solo con la soledad. Después de eso pensé que era lo mejor, pero no, echaba de menos toda lo que había perdido, incluso mi hija. Luego después entré aquí, cuando te conocí no pude evitar pensar en mi hija, que se parece considerablemente a usted, ahora tengo la oportunidad de cumplir las promesas que me hice.
Los ojos de ella se encontraban anegados en lágrimas, la historia la había conmovido profundamente.
-Buenos ya hemos llegado, tumba te tranquilo yo me tengo que ir.
-¿Esta llorando?
-Más o menos, bueno hasta luego.
Y la enfermera cuando salió de la habitación y se alejó considerablemente de ese señor no pudo evitar un sollozo. La noche cada vez iba de mas en peor, se secó las lágrimas con un pañuelo y se acercó a la habitación 313, esa habitación era muy peculiar, la chica que se encontraba allí tenía un aspecto demacrado, pero ella aseguraba encontrarse bien, aun que todo el mundo sabía que se encontraba rota por dentro. Cuando fue a entrar un sollozo le llegó al oído.


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