El puro soltaba bocanadas de humo implacables que en su punto más alto se tornaban en espirales de un olor fuerte. El paciente miraba estupefacto a la enfermera, esa extraña persona que se había colado en el servicio de caballeros.
-Buenas, enfermera ¿que hace aquí?- la voz del hombre denotaba curiosidad por todas partes.
-E ido a visitarte, y como no estabas supuse que estarías aquí- su voz dura y llena de rencor aminoró la furia que se estaba adueñando del hombre.
-No sabía que fumabas puros.
-Ni yo, pero me a dado tanta rabia verte con uno que e decido empezar con el tuyo ¿te parece?
-No te lo tomes a mal, no a sido aposta, e tenido una debilidad- la súplica que traslucía su voz era palpable en el ambiente, ahora frío como el hielo.
-Mira, a mí me debería dar igual que mueras o no, pero la cosa está en que no es así y no puedo evitar preocuparme por ti- la rabia dejó paso a la decepción que se abrió paso a sus ojos, que para el hombre cada vez que la miraban era como dos puñales en el corazón.
-Lo sé, me siento mal por fallarte pero no e podido evitarlo e visto la caja y...
-Da igual, puedo con una decepción más, no a sido ni la primera ni la última.
-Hablas con experiencia- la duda en preguntar era evidente en la mirada del hombre, pero decidió no arriesgarse.
-E tenido experiencia, tu no has cumplido tu parte del trato y yo no te voy a dar la mía.
-¿Lo has conseguido?
-¿A caso lo dudabas?- enarcó una ceja y sus labios se abrieron dulcemente para meterse el puro en la boca y escupir con malicia el humo, no deja duda que había conseguido el deseo más anelado del hombre.
-Dámelo por favor- la súplica y el dolor por la traición combirtieron el ambiente aún más frío.
-¿Debería hacerlo?- la indiferencia de la mujer, eran puñales que se clavaban en el hombre, donde su mirada despedía brillos de dolor y clemencia.
-Por favor.
-De momento no, te lo daré cuando dejes de fumar puros.
-Vale- le tendió una caja a la enfermera, en ella se contaban treinta puros de todas las clases, se la tendía a la mujer, con una mano firme y una mirada que no deja pasar ni un brillo de duda. La mujer conmocionada por el gesto del hombre cogió la caja con una mano temblorosa.
-Gracias- la voz del hombre realmente mostraba agradecimiento. Sin mediar palabra, regresaron a la habitación y ayudando al hombre él se tumbó en la cama.
-Y espero que esta vez no me decepcione- aun que la voz quería estar enfadada, ya no lo estaba.
-Se lo prometo por lo que más quiero.
Y una mirada de comprensión cruzó el rostro de ambos.
La enfermera salió de allí con un brote de esperanza en el corazón, se dirigió a la siguiente habitación pensando en aquel hombre, ese hombre era decidido, delgado por la falta de comida. Había renunciado a la razón de su vida por un amor que no tendría un buen final. La historia de ese hombre era triste como pocas. Abandonado por sus padre a las doce años, se había dedicado a volcarse en el alcohol y los puros como razón de existencia, había tenido varias novias que lo habías dejado tirado en la cama, después de noches de sexo sin control. Ahora a su edad había conocido a una mujer que le había llegado al alma, pero nunca se había atrevido a decir nada, cuando habían quedado para cenar, ambos tubieron que ser ingresados en hospital, ella que estaba en una zona prohibida para él aún no se habían podido ver, el renunciado a la ser de su exitencia los puros,solo para conseguir verla antes de que su cáncer de pulmón le dejara fuera de combate. La enfermera ante aquel sufrimiento del hombre le propuso dejar de fumar, a cambio de un paso para ver al amor de su vida.Antes de que ambos murieran. Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos, la tenacidad del hombre y su valor para rechazar todo en lo que un pasado muy cercano había sido toda su vida, le llenaba de esperanzas.
Ese hombre como todos las otras personas que había visitado hoy le había enseñado algo. Tenacidad y fuerza de voluntad.
La siguiente habitación, siempre estaba en penumbra, ella levantando una mano llamó a la puerta dulcemente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario