Las aceras heladas nos devuelven el eco de nuestros pasos. Por las frías calles circulan las máscaras, que tras ellas esconden personas de buen corazón, que por culpa de sociedad estúpidas se tienen que esconder para sobrevivir. Parece que va a nevar, y las calles vacías de personas refugiadas en sus casas, bares y demás observan tras la ventana las pocas personas aventureras que se salen a comerse la ciudad.

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