Luces de colores inundan el aire de la noche. Es denominada la noche de los sueños, dónde el sueño que pides se hará realidad. Después de tanto tiempo viviendo aquí nunca antes había sido capaz de asistir a aquella noche.Recuerdo el olor a quemado, de las palomitas calientes, el frío intenso y la lluvia que desalojó aquella pequeña plaza.
Es una tradición que proviene de años atrás. Tienes que coger un farolillo, y cuando la última bengala haya sido suelta y este de camino al cielo, enciendes el farolillo y pides el deseo que quieres y dejas volar el pensamiento prendido al fuego.
Los niños más pequeños echaban al cielo globos de color blanco simulando a la luz que desprendían el conjunto de farolillos que adornaban la intensa noche.
La gente gritaba entre ellos señalando al suyo para comparar cuál llegaba más alto. Un estupidez en mi opinión.
Cuando el más lento se perdió de vista la congregación de personas se fue disminuyendo, algunas, las más curiosas o tardías como yo, nos quedamos hasta que la suave pero intensa lluvia nos desalojó.
La caída libre de la noche en un suspiro se fue, y pronto vino la cordura de la mañana, con sus suaves y cálidos pétalos de luz dejando atrás los recuerdos de una noche mágica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario