Una mano la cogió de la chaqueta y la hizo volver a sentarse.
-¿Quieres estarte quieta? ¿Y si te caes?
-Mamá, calmate, no me voy a caer.
-Eres imposible, hija cada vez te conozco menos.
Emma, harta de esa conversación, se volvió a poner el cinturón, se puso ambos cascos, y volvió a sacar la cabeza por la ventanilla, el olor del mar era intenso y la humedad impregnaba el ambiente, la lluvia había cesado y el viento era un poco más fuerte que antes. El coche se tambaleaba de un lado a otro cediendo al fuerte viento. Cerró los ojos y se imaginó que estaba en la popa de un barco, con los brazos extendidos haciendo la escena del "rey del mundo", pero la realidad aplastaba con florecer de nuevo, y así lo hizo. La chica cambió de canción, ahora puso Helena de My chemical romance, en el horizonte se asomaba la playa, una playa de arena cálida, mar azul intenso que refleja los rayos de sol que se alza en el cielo. Una mirada severa le hizo quitarse un casco de mala gana.
-¿Puedes cerrar la ventanilla?- preguntó la voz molesta de su padre.
-Por poder puedo, pero no quiero.- dijo ella sin vergüenza.
-Bajala, ahora.
La chica de mala gana bajó la ventanilla, y cerró los ojos enfadada, deseando llegar a la casa y salir a la playa, su deseo pronto se vio realizado, el coche con una pequeña sacudida se paró delante de una pequeña casa, blanca con tejado de color rojizo, un jardín sembrado de rosas de todos los colores posibles, con un gnomo gracioso a la entrada que les daba la bienvenida. En cuento el coche paró del todo, la muchacha salió corriendo, cogió su mochila y salió corriendo a la playa, ignorando los gritos de sus padres, los reproches de sus hermanos. No pudo evitar que unas lágrimas corrieran por sus mejillas, no sabía a ciencia cierta si eran de un amago de felicidad o de pura tristeza. En cuanto llegó a la playa, tubo la suerte de que hubiera cambiadores, se metió en uno de ellos a toda prisa, cuando se hubo cambiado salió de el con cuidado, saboreando la arena pegada a sus pies, la sensación del calor del sol, el olor del mar demasiado cerca, andando despacio se acercó a un sitio libre y en el dejó su mochila con su MP3 muy antiguo dentro y con paso acelerado llegó a la orilla del mar y se fue adentrando en el poco a poco, disfrutando plenamente de la caricia del agua helada, el sabor salado... No estuvo dentro mucho tiempo, lo suficiente como para saborearlo y calmarse.
En cuanto se acercó a su mochila se sentó, mojada en la arena.Una chica de pelo castaño largo, con un flequillo de lado, ojos claros que demostraban sinceridad, una sonrisa franca se acercó y comenzó a hablarla alegremente.

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