Después de cruzar el oscuro pasillo, llegó a la habitación 307, allí se encontraba un muchacho de unos veintidós, veintitrés años alto, corpulento, anchos hombros, pelo corto castaño, ojos verdes intensos y labios finos y delgados. Le gustaba mucho ir a esa habitación, el chico a demás de ser agradable y amable, era muy guapo, y ella en el fondo desearía poder pasar algo más de tiempo con él, pero no podía estar más que unos minutos. Llamó a la puerta suavemente y una voz grave contestó.
-Adelante, no hace falta que llames, ya te lo dije antes de ayer.
-Ya, pero- se sonrojó ligeramente- es por educación, bueno¿ como va esa pierna hoy?
-Me duele más, pero el doctor de reniega en ponerme un calmante.
-El sabrá porqué lo hace, ¿no crees?
-No lo sé.- y un suspiro salió de su boca.
-Bueno, voy a cambiarte el bote y a darte la botella de agua- y le tendió una botella de agua mineral que el cogió con una mano grande y firme.
-Gracias, ¿que tal tu brazo?
-¿Perdón?- se sorprendió de repente, poca gente sabía lo de su brazo.
-Sí- y una suave carcajada inundó la habitación- me lo contaste hace una semana más o menos, que te dolía y tenía un ligero temblor.
-Ah, ya- y una risa nerviosa que no pudo controlar salió de su boca.- bien ya casi no me duele y el temblor a desaparecido.
-Me alegro.
-Me tengo que ir, hasta luego.
-Adiós y que pases un buena noche.
-Lo intentaré,pero me da que va a ser larga.
-Si te apetece descansar un rato podía pasarte por aquí y me haces compañía...- lo dejó caer muy sutilmente, ella que no podía resistirse a su mirada, no puedo negarse.
-De acuerdo pero no sé si me dará tiempo.
-Si puedes aquí te espero.
Salió de la habitación precipitadamente, apabulla y muy aturdida, pero en seguida se rehizo, no podía dejar que eso la afectara a la ronda de esa noche. Ese chico tubo un accidente de moto, la pierna rota por dos sitios, un fuerte golpe en la cabeza y un muchos hematomas. Como cada paciente que se encontraba en esa planta, ese muchacho también le había enseñado algo, a pesar de su accidente con la moto, estaba deseando volver a cogerla, no temía otro accidente, decía que temer lo que más quieres y lo que más te gusta por el miedo de morir es alejarte de la vida, y estaba deseando que el viento intentara meterse a través de su casco y que echaba mucho de menos la velocidad. Ella admira su carácter, decido, firme, cariñoso y agradable. La siguiente habitación era la 309, allí se encontraba una señora de treinta años de edad, casada, con dos hijos, siempre que entraba a esa habitación una punzada de envidia la recorría el cuerpo, esa treinteañera tenía todo lo que ella deseaba, amor, hijos... La única mesa que había en esa habitación estaba llena de fotos, una de sus favoritas era la primera empezando por la derecha, la foto estaba tomada en la playa y una familia aparentemente muy feliz sonreía a la cámara.
-Buenas noches, pase.
-Buenas noches, ¿que tal su estómago?
-Mejor que ayer y peor que mañana.
-Me alegro, tiene que tomar se la pastilla de la una, aunque venga con retraso.
-No se preocupe, de mela y yo me la tomo enseguida.
Le tendió una caja amarilla y la paciente de allí sacó una pastilla de un naranja intenso, se la metió de golpe en la boca y bebió un gran trago de agua.
-Bueno pues yo me voy, que pase una buena noche y ante cualquier cosa presione el botón.
-Lo haré, buenas noches.
Esa señora llevaba en el hospital, unas semanas, y echaba mucho de menos a sus hijos, pero su esperanza e ilusión por verlos la hacían seguir luchando aunque según varios médicos su enfermedad era casi terminal. La siguiente habitación era de un chico de quince años, alto para su edad, musculoso, algo engreído y un fan incondicional de los Queen y U2, admirable su pasión por ellos tenía toda la habitación llena de posters, ese chico como todos los demás también le había enseñado algo, la vergüenza no sirve para nada, no cambies tus gustos por nadie, muestra siempre seguridad y los débiles por los menos deben resistir ante la vida. Aunque era muy joven, ese chico tenía una visión de la vida muy madura y real, no era alegre, pero tampoco triste, era normal, algunos días contento y otros deprimido, como la mayoría de la gente normal.
En cuento llegó a la habitación supo que hoy estaba deprimido y que sus padres, no se encontraban allí con él..
-Buenas noches, ¿como te encuentras hoy?
-¿No lo ves?
-Vale, vale, vamos a tomarte la fiebre.
-Pues como quieras.
-No lo que quiera, es lo que debo hacer.
Le metió el termómetro debajo del brazo y esperó con el los cinco minutos.
-No hace falta que te quedes.
-Así descanso un rato, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Adelante.
-¿A qué se debe tu mal humor?
-Pues mi novia me acaba de dejar por un sms, mi madre no quiere verme y mi padre pasa, así que hoy me toca estar solo, la garganta me duele más y tengo mucho frío.
-El frío se debe a la fiebre seguramente, ahora llamo al médico y para que te examine, lo de tus padres lo siento mucho y si te encuentra peor llámame y te hago compañía, y lo de tu novia, ella se lo pierde.
-Gracias, pero no se s te dejaran quedarte.
-Si nadie se entera no hay problema- y le guiñó un ojo que el amistosamente le devolvió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario