Sweet paradise of freedom

viernes, 10 de agosto de 2012

Vidas VI

La enfermera se dirigió con rapidez a la habitación del muchacho, en el camino intentó serenarse, la charla con esa joven, su pena y como la había llamado heroína la había afectado. Nunca se hubiese imaginado que alguien la apreciara por sus actos y la sensación de haber ayudado alguien aún recorría por sus venas, el orgullo que sentía por si misma no era comparable con nada que hubiera experimentado. Llegó a la habitación pocos minutos después, el chico estaba inquieto, parecía que el efecto del calmante iba pasando poco a poco, cogió el termómetro levantó cuidadosamente el brazo y colocó el medidor de temperatura suavemente. El reloj digital marcaba las dos y media de la mañana, decidió esperar a su lado los cinco minutos. Ese periodo de tiempo pasó muy deprisa, cuando el sonoro pitido cortó el aire, la enfermera se sobresaltó y lentamente retiró el aparato del chico. La temperatura era normal, la enfermera soltó un suspiro de alivio, se volvió para salir, pero el ruido del roce de las sábanas le advirtió que el muchacho se estaba despertando y una súbita sensación la inundó por dentro, un impulso le hizo sentarse y quedarse con el chico hasta que despertara.
La silla que escogió era incómoda pero no protestó, silenciosamente se dedicó a observar al chico, que no tardó mucho en abrir los ojos al mundo.
-¿Hola? ¿hay alguien?- un susurro traspasó el aire y el joven calló de inmediato, la enfermera se acercó a su lado y le habló suavemente cerca del oído.
-Hola, estoy yo ¿como te encuentras?
-Con dolor de cabeza, y sed.
-No te preocupes,ahora mismo te traigo agua, pero no puedo darte nada para el dolor.
El chico tragó con dificultad, pero una débil sonrisa cruzó su rostro cansado.
-¿Que haces aquí?- la curiosidad era inminente en su voz, pero no puedo ocultar la alegría de no encontrase solo.
-Me tocaba venir a visitarte y cuando e visto que te estabas despertando me e quedado.
-Gracias- la sinceridad era aplastante.
-No las des, voy a por agua.
La melena castaña se dirigió con gracia a la salida, cuando hubo salido se detuvo en la sala de las enfermeras, que a esas horas se encontraba vacía, y cogió un vaso de plástico blanco y lo lleno de agua templada. Con cuidado de no tirar nada, llegó a la habitación y colocó el vaso en los labios del enfermo. Este bebió con avidez y tragó con dificultad, pero le sentó bien el contacto del agua con su seca garganta.
-Gracias de nuevo.
-De nada- la sensación de orgullo y satisfacción hacia si misma creció instintivamente.
-Me ha hecho ilusión verte ¿sabes? La pena es que no te puedas quedar, te confieso que me siento un poco solo.
-No me puedo quedar, pero tengo una solución ¿te gusta leer?
-Sí- la sorpresa se reflejó en su rostro y en su voz.
-Hay una chica que tiene un montón de libros, seguro que uno te puede prestar.
-Eso sería fantástico.
-¿De que tipo te gusta?
-De miedo y comics y un secreto, una muy buena novela romántica no la reprocharía.
-Te traeré lo que tenga, creo que sobre todo de amor.
La enfermera salió y dirigió sus pasos para el principio del pasillo, la habitación de la doncella tenía la puerta entreabierta y por ella se asomaba a ver un rayo de luz procedente de la lampara. Con una sonrisa llamó ligeramente a la puerta y entró, como siempre el montón de libros la daba la bienvenida.
-Hola, de nuevo ¿querías algo?
-Sí,un buen libro a ser posible, de miedo comics o una buena novela romántica.
-¿Para quien es si puedo preguntar?
-Para un paciente, que está solo y se aburre y yo no me puedo quedar con él, son veinte habitaciones y apenas llevo siete o seis.
-¿Chico o chica?
-Chico- una sonrisa de complicidad se asomó al rostros de ambas.
-Está, típica novela romántica, altamente recomendable, espero que le guste y estaría encantada de conocerle.
Se despidió con un gesto de la cabeza y salió con prisa, llegó a la habitación en menos de un cuarto de hora y le entregó el grueso libro al muchacho.
-Romántica.
-Altamente recomendable, espero que te guste, me tengo que ir- lo dijo deprisa.
-Adiós y gracias.
 El chico la despidió también con la mano, pero eso ella no lo pudo ver. Los ajetreado pasos resonaban en el pasillo, llegó a la habitación 313 cansada y tarde, el paciente de esa habitación era un señor mayor, de unos cincuenta años, con deterioro en los huesos, no le tocaba estar en esa planta pero no había más sitio en el hospital, ese habitación era la más grande, ya que tenía dos camas, cuando entró esperó oír el sonido singular del goteo del suero de unos de los pacientes pero no hubo, entró decida y una de las camas estaba vacía la otra la ocupaba un chico que siempre estaba escuchando a los Red hot chilli pepers a todo volumen.
-Hola buenas noches ¿como está?
-Bien- dijo secamente.
-¿Necesita algo?
-Sí, que se marche.
-¿Sabe algo? Que me voy a buscar a su compañero y que pienso volver, pero antes de irme voy a decirle un par de cosas-la ira acumulada del todo el día había estañado con ese ser miserable- es un señor muy rácano, está solo por que nadie le aguanta, ni si quiera su compañero, hay no a sido un buen día y no tengo el ánimo muy levantado, pero todas las personas a las que e visto esta noche y que YO- resaltó mucho esa palabra- debía cuidar y son ellos los que han cuidado de mí ,así que hazme un favor y no rompas lo que otros han construido por mí.
La charla dejó muy serio al escuchante, y la enfermera ahora más descargada se fue a buscar al paciente que sabía perfectamente dónde estaba. Con esos pensamientos se dirigió al baño de caballeros, entró como Pedro por su casa y abrió la puerta del último baño de un golpe. Allí sentado se encontró a un señor, alto, cara pálida y llena de arrugas, cuarenta y nueve años, fumaba incansable un puro, el humo de propagó rápidamente por todo el baño y la cara de ella mostraba una expresión serena, cáncer de pulmón tenía ese señor, la prohibición de dejar de fumar le había echo perder los estribos y adelgadazar enormemente, pero ella no aflojó su expresión, al contrario, le arrebato con furia el puro y comenzó ella a fumarlo rápidamente mientras que él la miraba con una cara de asombro, curiosidad enfado y admiración. Así entablaron una conversación.


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